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Federación Empresarial Española de Asociaciones de Centros Especiales de Empleo

01/09/2011

Boletín mensual

Reportaje

Inserción laboral rural, un reto de todos

Antonio Sánchez de la Fuente

La inserción laboral de las personas con discapacidad que residen en el mundo rural supone un reto al que tienen que hacer frente tanto las administraciones como todos los agentes implicados en la creación de empleo. Se trata de un grupo que vive la exclusión dentro de la exclusión; si ya son muchas las dificultades que se encuentran las personas con discapacidad a la hora de acceder a un puesto de trabajo, éstas se multiplican si el demandante vive en una zona rural. Estas personas afrontan lo que se ha denominado una desventaja múltiple intrínsecamente relacionada con la propia idiosincrasia del entorno rural. Dificultades en el transporte, en las comunicaciones, menos oportunidades formativas, laborales, de servicios básicos, de ocio… son múltiples barreras, pero éstas se pueden derribar. En lo que se refiere al empleo, varios CEE de iniciativa social relacionados con el ámbito rural explican sus particularidades y las fórmulas que utilizan para ofrecer empleo estable y de calidad a estas personas.


MARCO GENERAL


Las personas con discapacidad que viven en un medio rural se encuentran con unas circunstancias que provocan situaciones de discriminación o desventaja en prácticamente todos los ámbitos de su vida. El propio entorno se convierte en un problema: grandes distancias que recorrer debido a la baja densidad de población en la mayoría de zonas, lo que provoca a su vez una menor llegada de recursos y la menor capacidad para conseguirlos. Esto se suele traducir, además, en un aislamiento que lleva a la invisibilidad social de las personas con discapacidad, lo que produce una desatención por parte de las administraciones y aumenta exponencialmente el riesgo de exclusión social.   


Otro de los principales problemas es el de los medios de transporte, que son un elemento estratégico para la inclusión de las personas con discapacidad. Las ya mencionadas grandes distancias obligan a una dependencia absoluta del transporte público, que raras veces está adaptado, y que a la mayoría de pueblos pequeños ni siquiera llega. También hay una enorme carencia de taxis adaptados por falta de ayudas al transporte, lo que deja a la persona con discapacidad en una situación de indefensión y aislamiento.


Además, el tipo de construcción de las viviendas, que suelen ser antiguas, no facilita su accesibilidad; la imposibilidad de disfrutar de momentos de ocio por falta de oferta y la carencia casi total de servicios básicos en algunas localidades, impide el pleno desarrollo de aproximadamente un 12% de la población rural, que es, según un estudio del CERMI publicado en 2006, el porcentaje de personas con discapacidad en este entorno.


 

INSERCIÓN LABORAL


En materia de empleo, los datos de este estudio indican que en el medio rural es más frecuente el trabajo por cuenta propia, hay mayor tendencia a la contratación temporal, se accede en menor medida al empleo público, se recibe un porcentaje menor de las medidas de fomento del empleo y el porcentaje de parados es mayor que en zonas urbanas.


A todo esto hay que sumarle dos problemas fundamentales, además del  transporte indicado anteriormente, la dificultad de acceder tanto a educación como a cursos formativos y el complicado acceso a las tecnologías de la comunicación.


Una buena base formativa es fundamental, y algunas personas con discapacidad no pueden acceder a ella si tienen que depender de un transporte público inexistente, si el aula no está adaptada o si no cuentan con los apoyos necesarios. Esto será un lastre, puesto que solo podrán optar a empleos de muy baja cualificación. Asimismo, el hecho de vivir en un entorno rural también provoca que existan menos oportunidades formativas para mejorar las habilidades del demandante de empleo, debido también a la falta de un tejido empresarial sólido que genere oportunidades de acceso al mercado laboral.


Por otro lado está el problema del acceso a las nuevas Tecnologías de la  Comunicación y la Información (TIC). En algunas comarcas sigue habiendo ‘zonas de sombra’ para la telefonía móvil, elemento casi indispensable hoy día para los ciudadanos, e igual ocurre con internet, que es un vehículo fundamental para la inclusión sociolaboral de este colectivo, que si no recibe formación sobre cómo utilizar la red y no tiene acceso a ella, quedará completamente aislado.


Con todos estos problemas, es bastante frecuente que personas con discapacidad del entorno rural, comiencen su edad laboral en situación de desempleo y que dicha situación se prolongue, por lo que muchos prefieran adoptar una situación pasiva ante la búsqueda de empleo y se limiten a percibir una prestación asistencial.


Una de las soluciones que se ha dado para tratar de evitar esta coyuntura y permitir la plena integración sociolaboral de las personas con discapacidad es la utilización de la fórmula del teletrabajo, que ha sido definido como “trabajo a distancia facilitado por el uso de la informática y las nuevas tecnologías” pero que abarca un espectro mucho más amplio. Eso sí, si el teletrabajo se plantea como una de las respuestas al problema es necesario que se invierta en infraestructuras de telecomunicaciones que acaben con la brecha digital que puede persistir en algunas zonas de este entorno.

 

FITEX: GRAN APUESTA POR TELETRABAJO

 

Precisamente, una de las empresas referencia en la utilización del teletrabajo es Fitex, vinculada a AECEMFO (socio de FEACEM), fundado en 1998 pero clasificada como Centro Especial de Empleo en el año 2000. A pesar de contar con un solo centro de trabajo situado en la ciudad de Cáceres, Fitex presta sus servicios en dos telecentros rurales, ubicados en los ayuntamientos de las localidades extremeñas de Arroyo de la Luz y Guadalupe. Estos telecentros rurales son una de las formas más operativas del teletrabajo y una de las más extendidas en Europa. Se trata de una oficina a distancia equipada con todas las conexiones informáticas y de telecomunicaciones necesarias para los teletrabajadores. En el caso de la localidad de Arroyo de la Luz, por ejemplo, cuentan con un local de 25 m2 cedido por el consistorio, con seis puestos de trabajo y desde donde se prestan los mismos servicios que en la sede central de Fitex, además de gestionar parte del sistema de cita previa de la ITV. 


Fitex es un Contact Center que trabaja con una filosofía de empresa basada en equipos humanos altamente cualificados, procedimientos de trabajo permanentemente actualizados y una avanzada tecnología informática que presta servicios relacionados con marketing telefónico, tales como citas previas, promociones, ventas, sondeos, encuestas y estudios de mercado. Asimismo, realiza atención telefónica, tanto de emisión y como de recepción de llamadas, incluyendo la concertación de entrevistas, seguimiento de mailing, servicios de atención al cliente, recepción de pedidos, televenta, información al cliente y contratación telefónica de productos entre otros y cuenta con una plantilla cercana a 120 trabajadores, de los cuales un 78% tiene alguna discapacidad, principalmente física, intelectual y sensorial.

 

Inauguración del Telecentro Rural de Guadalupe de Fitex. Teleoperadores junto a Miguel Carballeda, presidente de la ONCE y José Luis Martínez Donoso, consejero delegado de Fundosa

 

En Fitex decidieron emplear la fórmula del teletrabajo porque “actúa como infraestructura de apoyo a la colectividad en áreas rurales y se convierte en un medio para fomentar el desarrollo económico de las mismas”, ayudando así a combatir la exclusión laboral que sufre el colectivo de la discapacidad en el mundo rural extremeño.


Además, desde esta empresa subrayan que el teletrabajo en el medio rural aporta a los trabajadores con discapacidad una experiencia profesional sin necesidad de tener que desplazarse a las grandes ciudades, dotándoles de una base para su incorporación al mundo laboral ordinario, y todo esto, desde su lugar de residencia, dentro de un entorno de trabajo adaptado a sus necesidades físicas y psíquicas. Sus telecentros rurales aportan, asimismo, un trabajo productivo y remunerado, que en algunas ocasiones puede coincidir con su primera experiencia profesional, además de una formación continua en técnicas de atención al cliente y telemarketing.

 


En relación al modelo de trabajo, desde la empresa extremeña señalan que el que tienen implantado en la actualidad no requiere una organización laboral específica para sus telecentros rurales, sino que consideran que éstos deben estar integrados plenamente en la actividad de su sede central para mejorar la operatividad, pero, sobre todo, para que ese trabajador que desempeña su labor en el medio rural se sienta integrado plenamente en la actividad de la empresa. Para este objetivo, en el Centro Especial de Empleo tratan de mantener un contacto diario desde los puestos de coordinación centrales, favoreciendo las relaciones interpersonales mediante comunicación telefónica, videoconferencia y visitas personales.


En lo que a las diferencias sustanciales con el trabajo en un taller o en una oficina de un entorno urbano respecta, no son demasiadas, pero al tener la capacidad de desarrollar la actividad mediante la transmisión de datos conjuntando teléfono e Internet “la organización y distribución del trabajo pasa a ser supervisada remotamente mediante sistemas informáticos que permiten gestionar la actividad diaria desde una plataforma central, sin la necesidad de la presencia física, como ocurriría en un taller o en un oficina más tradicional”, explican desde Fitex.

 

Trabajadores del Telecentro Arroyo de la Luz junto al alcalde de la localidad


Eso sí, a pesar de que la tecnología permite gestionar la actividad laboral a distancia, desde la entidad extremeña inciden en destacar la importancia de las relaciones personales y físicas ‘in situ’, por lo que las reuniones periódicas y las jornadas de convivencia son una parte muy importante de la empresa y una base fundamental para que el trabajador se sienta plenamente integrado.

 

Desde Fitex consideran que las Administraciones Públicas deben apostar decididamente por la inversión en infraestructuras de telecomunicaciones en el medio rural, favoreciendo la implantación de la banda ancha mediante la extensión de tecnologías como la fibra óptica y el 3G móvil de última generación. En la entidad extremeña piensan que esto favorecería, por una parte la creación e implantación de nuevas empresas, y por otra, la aparición de nuevas fórmulas de empleo, como es el teletrabajo.

 

Además, sugieren otras dos actuaciones que a su juicio resultan fundamentales para facilitar la creación de empleo estable entre personas discapacitadas del medio rural: las ayudas directas y los convenios de colaboración entre empresas y pequeños Ayuntamientos. “Estas ayudas, deben complementarse con una gestión ágil y sencilla por parte de la Administraciones Públicas, que permita acceder a su cobro, sin demoras y retrasos que pongan en entredicho la viabilidad y la supervivencia de los nuevos puestos de trabajo” afirman.

 

GRAN EMPRESA Y MEDIO RURAL

 

Un importante grupo empresarial de CEE de iniciativa social es Lantegi Batuak, perteneciente a EHLABE y recientemente galardonado con el III Premio Integra BBVA. Está presente en todas las comarcas de Vizcaya, porque parten de la base de que tienen que dar respuesta a necesidades laborales de personas con discapacidad, y eso incluye también el entorno rural.

 

La actividad de Lantegi en estas zonas rurales es de tipo industrial o del sector servicios y cuentan además con un centro de producción logística en el que trabajan 73 personas con discapacidad en el municipio de Zalla, de cerca de 8.200 habitantes situado en un entorno rural en la comarca de Las Encartaciones. Tienen también un “garden center” y prestan servicios de jardinería y limpieza en la localidad, dando así empleo a 21 personas más, todas ellas vecinas del mismo o de pueblos aledaños.

 

 

Aunque desde Lantegi afirman que la tasa de paro de personas con discapacidad es similar en zonas urbanas y rurales de Vizcaya, rondando en ambos entornos el 30%, sí reconocen que, en ocasiones, las conexiones entre algunas localidades son más complicadas que en zonas urbanas. Para la entidad vasca, es fundamental que sus centros de trabajo se encuentren en lugares donde existan infraestructuras que faciliten la movilidad de sus empleados, algo que “no es fácil en el caso de algunos entornos rurales”. Además, en ocasiones los trabajadores viven en zonas de más difícil acceso, lo que entorpece aún más su acceso al puesto de trabajo. En todo caso, desde el grupo empresarial vizcaíno esto no se ve como un problema, sino que “son características propias del entorno a las que nos hemos acostumbrado a solventar”, comentan.

 

Asimismo, la política de Lantegi Batuak es tratar de que sus empleados tengan un puesto relativamente cercano a la zona en la que viven habitualmente, vivan en su domicilio propio, con familiares, en residencias o en pisos tutelados; y cuentan además con un Plan de Apoyos Individualizados que contempla las necesidades de cada trabajador en materia laboral y social, y en el que intervienen tanto la persona como su entorno como los profesionales de Lantegi. Con este plan se trata de adecuar el puesto de trabajo a las capacidades y necesidades de cada empleado, y conocer así los apoyos o la formación que pueda necesitar, algo más importante si cabe cuando hablamos de entorno rural.

 

En lo que respecta a la formación, para Lantegi es un pilar básico, como pone de manifiesto el hecho de que, en 2010, casi el 80% de los trabajadores del grupo participó en una acción formativa. Según explican desde la entidad vasca, en este tema “no hacemos diferencia entre zonas rurales o urbanas, ya que las acciones formativas se llevan a cabo en función de las necesidades de las personas, tanto si están trabajando en Lantegi Batuak como si van a incorporarse.

 

Por otro lado, desde Lantegi creen que entorno rural y actividades emergentes pueden ser perfectamente compatibles, por el hecho de que las nuevas tecnologías favorecen el que no sea imprescindible estar físicamente junto a un cliente para prestarle el servicio. En su caso, esto se puede comprobar en sus actividades de digitalización. “Contando con una buena base logística y un adecuado sistema de comunicaciones, puede accederse a prácticamente todos los puntos del territorio”, afirman.

 

 

Si bien, en Lantegi señalan que con su estructura y organización del trabajo no tienen necesidad, por el momento, de implantar el teletrabajo. Además, consideran enriquecedor para las personas con discapacidad intelectual acudan a un entorno físico de trabajo como puedan ser sus talleres y centros “donde además de estar empleadas, puedan desarrollarse en relación con el resto de compañeras y compañeros” porque “creemos que es parte del itinerario de integración sociolaboral que las personas se desarrollen en contacto con otras personas y otras realidades”.

 

Por último, desde la entidad vizcaína apuntan que, para mejorar el acceso a un empleo estable y de calidad de las personas con discapacidad que viven en un entorno rural, sería necesario que “las administraciones públicas habilitasen líneas especificas de apoyo a infraestructuras y para la puesta en marcha de proyectos de innovación o experiencias piloto enfocadas al medio rural para impulsar el empleo”.

 

NUEVAS TECNOLOGÍAS Y MEDIO RURAL

 

El CEE Horizontes, vinculado a AECEMCO (socio de FEACEM), es una empresa con sede en la localidad pacense de Navalvillar de Pela, situada en un entorno rural entre las comarcas de las Vegas Altas y la Siberia extremeña, de poco más de 4.500 habitantes.

 

En la actualidad cuentan con 11 empleados, todos ellos con alguna discapacidad, y centran sus actividades en dos sectores muy distintos, como son el textil, puesto que confeccionan ropa laboral, y el de las nuevas tecnologías, en informática y telecomunicaciones.

 

 

Las actividades de esta empresa derriban el mito de que entorno rural y nuevas tecnologías son algo incompatible, puesto que desde el esta empresa se apuesta decididamente por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Son proveedores de internet y venden acceso a la red a través de WIFI, y como explica su gerente, Cristóbal Arroyo, con este servicio no es necesario disponer de línea telefónica por lo que es ideal para que se acceda a las comunicaciones en el entorno rural.

 

Arroyo apunta también que su Centro Especial de Empleo nació en 1995 porque era la única salida laboral que tenían las personas con discapacidad en ese entorno. Si bien, reconoce diversos problemas por el hecho de que su empresa se encuentre en un medio de difícil acceso, y en el que las comunicaciones no son demasiado fluidas, como, por ejemplo, la ausencia de tejido empresarial, debido a que apenas operan empresas en su área geográfica de influencia. Asimismo, subraya la dificultad de la logística, que provoca que, por ejemplo, las agencias de transporte acudan con menor asiduidad que a los entornos urbanos.

 

 

A pesar de estas dificultades, Arroyo afirma que “no tiene por qué haber diferencias entre su empresa y otra que se encuentre en un medio urbano”, y además califica de “positiva” la situación del empleo de las personas con discapacidad en su comarca, gracias, en parte, a la labor de COCEMFE Badajoz, que “nos permite disponer de un servicio de intermediación laboral financiado por la Junta de Extremadura, donde se informa a las empresas sobre las ventajas de contratar personas con discapacidad, consiguiendo así muchos puestos de trabajo para este colectivo todos los años, tanto empleo protegido, como puestos en el mercado ordinario”.

 

Por último, señalar que desde el CEE Horizontes, instan a las Administraciones Públicas a que realicen un esfuerzo mayor en inversión de infraestructuras, porque creen que es la principal deficiencia del entorno rural. Además, apuestan por que se creen líneas de financiación específicas para los CEE tanto créditos para adquisición de inmovilizado, como líneas de crédito para los gastos corrientes de las operaciones diarias y además sugieren que se pida puntualidad en el pago de subvenciones, puesto que muchas empresas, sobre todo en el ámbito rural, han tenido que cerrar por falta de liquidez.


ENTORNO RURAL Y DISCAPACIDAD INTELECTUAL

 

CEE Aspaber es una empresa vinculada a AFEM (socio de FEACEM), que vio la luz en el año 2000, en el municipio de Carballo, La Coruña. Está situado en un entorno rural de la comarca de Bergantiños, situado entre Mariñas y la Costa de la Muerte.

 

Su presidenta, Dolores Fernández, explica que Aspaber es una asociación de padres de personas con discapacidad intelectual, que presta diferentes servicios como son atención ocupacional, centro de día o residencia para un total de 13 ayuntamientos en la comarca de Bergantiños, todos ellos en el medio rural.

 

El Centro Especial de Empleo lo crea la asociación para dar respuesta laboral a las personas que atiende en el centro ocupacional, por lo que nació específicamente para solventar una necesidad de acceso al empleo de las personas con discapacidad que viven en ese entorno rural.

 

 

 

En la actualidad, cuenta en su plantilla con 15 trabajadores, de los cuales el 98% tiene discapacidad intelectual y se dedica a actividades de manipulación en general, a la fabricación de placas de escayola para techos y además presta el servicio de limpieza viaria en su municipio gracias a un acuerdo con el ayuntamiento. Desde Aspaber otorgan una especial importancia al hecho de haber sido seleccionados para esta tarea mediante concurso público, porque valoran esta actividad como una apuesta fundamental para la viabilidad del centro.

 

“Creo que esta fue la mejor apuesta, por sus múltiples efectos positivos. Un concurso público supone una estabilidad laboral, durante un periodo largo de tiempo, diez años, y por otra parte el trabajador sale a la calle, lo que supone visibilizar el trabajo de las personas con discapacidad intelectual”, destaca Fernández.

 

Al igual que Cristóbal Arroyo, del CEE Horizontes, Fernández apunta que la inserción laboral de este colectivo es doblemente complicada, por la práctica ausencia de tejido empresarial en la zona, pero además hace un especial hincapié en el hecho de que las personas con discapacidad intelectual tienen un problema en relación al transporte. Ante la imposibilidad de contar con vehículo propio en la mayoría de los casos, los trabajadores dependen en su mayoría del transporte público, cuya escasa frecuencia en este entorno hace prácticamente imposible conjugar los horarios de la empresa con la de los autobuses. Subraya, además, que en la comarca de Bergantiños, la red de transporte público es muy deficitaria y se han anulado varias líneas por la escasa demanda de viajeros, por lo que su empresa se ha visto seriamente afectada en lo que a logística se refiere.

 

Por este motivo, en el CEE Aspaber se han visto obligados a ofrecer una formación a sus trabajadores con todos los apoyos necesarios para que aquellos empleados que puedan conducir, tengan oportunidad de sacarse el carné.

 

 

Desde Aspaber también insisten en que la autonomía del trabajador es fundamental y más cuando su actividad se enmarca en el entorno rural. Así, Dolores Fernández incide en que “estamos trabajando a dos bandas, con el trabajador fomentando su autonomía, y las familias, que al fin y al cabo son las que deciden en cuanto a que el trabajador viva cerca de su puesto de trabajo”.

 

A pesar de representar a un colectivo que sufre exclusión dentro de la exclusión, la presidenta de Aspaber se muestra relativamente optimista con respecto a la inserción laboral de las personas con discapacidad. Para Dolores Fernández, una de las soluciones posibles en tiempos de crisis como los que estamos atravesando es la unión de diferentes Centros Especiales de Empleo, en distintas áreas geográficas, para lograr así la consolidación de la empresa y su posicionamiento en distintos mercados.

 



 

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